Sección 1
Apertura — el último acto del día
Buenas noches.
Estás en la cama. La luz baja o apagada. El día ha pasado.
Antes de dormirte, vas a hacer una última cosa. No es trabajo. Es cierre. La diferencia es que el trabajo busca producir algo y el cierre solo cuida la forma con la que se va guardando lo que ya ocurrió.
Acomódate boca arriba o de costado, como te resulte natural. Las manos sueltas.
Cierra los ojos.
Lo que viene son unos diecisiete minutos. Si te duermes en el camino, está bien. Eso es parte de la práctica, no un fallo. Wallace Wattles, hace más de cien años, escribió que la mejor manera de fijar un patrón es dormirse dentro de él. Esta práctica está pensada para eso.
Sección 2
Relajación — soltar el día
Vamos a soltar el día por partes.
Lleva la atención a tus pies. Nota cómo descansan, cómo pesan, cómo el día entero los apoyó en suelos distintos y ahora ya no les pides nada. Suelta los pies.
Las piernas. Pantorrillas, rodillas, muslos. Te llevaron de un sitio a otro. Ya está. Suelta las piernas.
La pelvis y la base de la espalda. La parte más antigua del cuerpo. Suelta la base.
El vientre. Donde se procesó lo que comiste y lo que no se puede masticar — emociones, conversaciones, noticias. Lo dejas tal como está. No lo arreglas. Suelta el vientre.
El pecho. El corazón ha latido todo el día sin que se lo pidieras. La respiración ha entrado y salido sola. Suelta el pecho.
Los brazos. Hombros, codos, manos, dedos. Cargaron, abrieron puertas, escribieron, gesticularon. Suelta los brazos.
El cuello. Sostuvo la cabeza todo el día. Suelta el cuello.
La cara. La frente. Los ojos detrás de los párpados. Las mejillas. La mandíbula — sobre todo la mandíbula, donde se acumula lo que no se dijo. Suelta la cara.
El cuerpo entero está descansando.
La mente sigue suavemente atenta. Por unos minutos más.