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Práctica guiada · texto que se narra

Las Diez Colecciones — sesión introductoria

Recorrer y registrar las diez sensaciones que abren cada sesión Monroe

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Sección 1

Qué es el sistema de colecciones

CENTRAL INTELLIGENCE AGENCYTOP SECRETCIA-RDP96-00788R001700210023-7ANALYSIS AND ASSESSMENTOF THE GATEWAY PROCESSLt. Col. Wayne McDonnell — June 9, 1983DESCLASIFICADOCIA · 09/10/2003

En el programa Monroe hay un gesto inicial que se repite antes de cualquier ejercicio importante. Una vez ya estás en Foco diez —cuerpo dormido, mente despierta— el practicante recoge diez sensaciones específicas. Las pasa por delante de la atención, una a una, como quien revisa un manojo de llaves antes de salir de casa.

No son visualizaciones. No son afirmaciones. Son sensaciones interiores, cualidades de experiencia que el sistema entrena para que estén disponibles cuando hagan falta. McDonnell, en su informe desclasificado de mil novecientos ochenta y tres, las describe como una "biblioteca de estados" que el practicante construye con la repetición: vacío, calor, peso ligero, peso pesado, calma, sonido interior, expansión, lentitud, atemporalidad, vida.

Cada una se aprende dedicándole una sesión al menos una vez. Luego, ya identificada, basta con nombrarla en la mente para que reaparezca. En sesiones avanzadas, las diez se recogen en menos de un minuto entero. Pero eso solo es posible si antes se han visitado a fondo, una por una, sin prisa.

Eso es lo que vas a hacer en los próximos treinta minutos: una visita guiada a las diez colecciones. Una sesión introductoria. No hace falta que hagas que pase nada. Solo nombrar la sensación, dejar que aparezca, registrarla suavemente, y soltarla para pasar a la siguiente.

Si alguna no aparece, no pasa nada. Anota mentalmente cuál fue —esa será la que más merece la pena trabajar en sesiones futuras. La práctica se hace para ti, no para superar un examen.

Sección 2

Posición y Respiración Resonante corta

Acomódate. Túmbate o siéntate en una posición que puedas mantener sin esfuerzo durante al menos media hora.

Si estás tumbado, los brazos descansan ligeramente separados del cuerpo, palmas hacia arriba. Si estás sentado, los pies en el suelo, las manos sueltas sobre los muslos.

Cierra los ojos suavemente.

Vamos a hacer tres ciclos cortos de Respiración Resonante para limpiar la atención. No los seis ciclos completos del manual — solo tres, para entrar. Cabeza, tronco, cuerpo entero.


Ciclo uno — la cabeza.

Inhala despacio por la nariz: uno… dos… tres… cuatro. La energía se concentra alrededor del cerebro.

Retén el aire: uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho… nueve… diez.

Exhala lentamente por la boca, como soplando una vela que no quieres apagar: uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis. La energía rancia de la cabeza baja por todo el cuerpo y sale por las plantas de los pies hacia la tierra.


Ciclo dos — tronco.

Inhala: uno… dos… tres… cuatro. La sección abarca ahora cabeza, cuello, pecho, brazos y vientre.

Retén: uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho… nueve… diez.

Exhala: uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis. Todo el tronco se libera, hacia abajo, fuera por los pies.


Ciclo tres — todo el cuerpo entero.

Inhala una última vez: uno… dos… tres… cuatro. Ahora la sección es todo tu cuerpo entero, desde la cabeza hasta los pies.

Retén: uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho… nueve… diez.

Exhala lentamente: uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho. Sintiendo cómo todo tu cuerpo queda limpio, ligero, vacío de tensión vieja.


Vuelve a respirar normalmente. Sin forzar.

Sección 3

Entrada al Foco 10

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Ahora vas a contar conmigo, al exhalar, del dos al diez. Cada número es un escalón hacia abajo, hacia una relajación más profunda. No fuerces nada. Solo contar y notar que con cada número vas un poco más adentro.

Inhala suavemente. Y al exhalar, di mentalmente conmigo:

Dos. Nota cómo el cuerpo se afloja un poco más. Solo notarlo. Inhala otra vez.

Tres. Un escalón más abajo. La respiración se hace más lenta sola. Inhala.

Cuatro. Las extremidades empiezan a sentirse pesadas. Eso está bien. Inhala.

Cinco. Estás a la mitad. Si la mente se va, suavemente vuelve a la cuenta. Sin juzgar. Inhala.

Seis. Inhala.

Siete. El cuerpo se siente lejos. La cama, el sillón, parecen haberse alejado. Inhala.

Ocho. Inhala.

Nueve. Casi. Inhala.

Diez.


Estás en Foco diez. Cuerpo dormido. Mente despierta.

Quédate aquí unos momentos antes de empezar el recorrido. Solo presencia.

Sección 4

Colección 1 — Vacío

Primera colección: el vacío.

Nombra dentro de ti, despacio, esa palabra: vacío.

No es la nada agresiva. No es ausencia que duele. Es el espacio limpio que queda cuando dejas de empujar. Como una habitación sin muebles. Como el cielo entre dos nubes.

Permítete sentir, ahora, ese vacío en algún lugar de ti. Quizá detrás del esternón. Quizá en el centro de la cabeza. Quizá en todo el cuerpo a la vez.

No tienes que vaciar nada. Solo reconocer que en algún sitio, ahora mismo, ya hay vacío. Lo único que haces es darte cuenta.

Esa sensación tiene un sabor propio. Apréndelo. Es como aprender la cara de alguien que volverás a ver.

Cuando la hayas registrado, suéltala con suavidad. Déjala estar.

Pasamos a la siguiente.

Sección 5

Colección 2 — Calor

Segunda colección: el calor.

Nombra dentro de ti: calor.

No el calor del verano que agobia. No la fiebre. Es el calor amable, el de una manta gruesa en invierno, el del té entre las manos, el del sol templado sobre los párpados cerrados.

Busca en tu cuerpo un sitio donde ya haya algo de ese calor. Quizá en las palmas. Quizá en el bajo vientre. Quizá en la cara interna de los muslos donde la sangre circula despacio.

Permite que ese punto cálido se ensanche un poco. No lo fuerces — solo lo dejas ser, como dejas que una vela ilumine la habitación sin decirle cómo hacerlo.

Aprende el sabor de este calor. Es el calor de estar a salvo. Aprende esa cara también.

Cuando lo hayas registrado, suéltalo con suavidad.

Siguiente.

Sección 6

Colección 3 — Peso ligero

Tercera colección: peso ligero.

Nombra dentro de ti: ligereza.

Es la sensación de pesar menos. Como cuando entras en el agua y el cuerpo se aliviana de golpe. Como cuando dejas en el suelo una mochila que has cargado todo el día.

Permítete sentir, ahora, qué parte de tu cuerpo se siente ya más ligera. Quizá los brazos. Quizá el pecho que respira más libre. Quizá la cara que se afloja sola.

Imagina que esa parte se podría elevar un milímetro si tú lo permitieras. Solo un milímetro. La piel hacia arriba, los músculos sin agarre.

Aprende esta cara: la del peso ligero. Es la sensación de soltar lo que cargabas sin saber.

Cuando la hayas registrado, suéltala.

Siguiente.

Sección 7

Colección 4 — Peso pesado

Cuarta colección: peso pesado.

Nombra dentro de ti: peso.

Esto no es lo contrario de la ligereza — es la otra cara útil del cuerpo. Es la sensación de estar anclado, sólido, completamente apoyado. Como una piedra grande que descansa en el fondo de un río sin moverse.

Permite que el cuerpo se haga, ahora, un poco más pesado contra la superficie que lo sostiene. La cama, el sillón, el suelo.

Siente cómo la espalda se entrega del todo a lo que está debajo. Cómo los huesos pesan. Cómo la cabeza descansa sin que tú la sostengas.

Esta es la cara del arraigo. La de estar de verdad aquí, sin tener que defenderte de la gravedad. Aprende su sabor.

Cuando lo hayas registrado, suéltalo.

Siguiente.

Sección 8

Colección 5 — Calma

Quinta colección: la calma.

Nombra dentro de ti: calma.

No es ausencia de pensamiento. No es vacío mental forzado. Es la sensación de no necesitar moverse. De que ningún músculo está pidiendo nada. De que el sistema nervioso ha dejado de buscar peligros.

Observa, ahora, lo quieto que está tu cuerpo. Cuántas zonas no están haciendo absolutamente nada. La frente. Las mandíbulas. Los hombros. El estómago.

Permite que esa quietud, esa no-prisa, se extienda un poco más. No la fuerces — solo la dejas crecer como agua que encuentra su nivel.

Aprende este sabor: la calma. La cara del sistema cuando ya no defiende nada.

Cuando la hayas registrado, suéltala.

Siguiente.

Sección 9

Colección 6 — Sonido interior

Sexta colección: el sonido interior.

Nombra dentro de ti: sonido interior.

Hay un sonido que está siempre. No el ruido de la calle. No el tic del reloj. Algo detrás del silencio, dentro de la cabeza, que se oye si dejas de escuchar lo de fuera. Puede ser un zumbido fino y agudo. Puede ser un siseo bajo. Puede ser como el viento muy lejano.

Lleva la atención dentro de tus oídos. Hacia dentro, no hacia fuera. Espera unos segundos.

Ese sonido —el que estaba ya antes de que lo buscaras— es la firma sonora de tu propio sistema nervioso atento.

Apréndelo. Es como aprender el ronroneo de tu propia máquina interior cuando funciona en silencio.

Cuando lo hayas registrado, suéltalo.

Siguiente.

Sección 10

Colección 7 — Expansión

Séptima colección: la expansión.

Nombra dentro de ti: expansión.

Es la sensación de que tú eres más grande de lo que cabe en tu piel. No de manera abstracta — de manera real, sentida. Como si tu campo de atención hubiera salido un palmo por fuera del cuerpo en todas direcciones.

Permite, ahora, que tu sentido de "dónde acabas tú" se aleje un poco del contorno físico. Imagina —y siente— que tu presencia se extiende hasta las paredes de la habitación.

No tienes que esforzarte. La expansión es soltar, no empujar. Como cuando ves un paisaje muy abierto y los ojos se relajan solos.

Aprende esta cara: la expansión. La sensación de no estar apretado dentro de ti.

Cuando la hayas registrado, suéltala.

Siguiente.

Sección 11

Colección 8 — Lentitud

Octava colección: la lentitud.

Nombra dentro de ti: lentitud.

Es la sensación de que todo va más despacio dentro. La respiración. El pulso. Los pensamientos. Como si el tiempo interior hubiera bajado de marcha, como un coche que pasa de quinta a tercera y avanza igual pero distinto.

Observa tu respiración ahora. Sin cambiarla. ¿Qué tan lenta es ya?

Quizá entre una inhalación y la siguiente hay un pequeño hueco. Permítete notar ese hueco. Es ahí donde vive la lentitud.

Cada pensamiento que aparece se forma con más espacio entre sí. No los empujas. Solo notas que ya vienen más despacio.

Aprende este sabor. La lentitud no es pereza — es ritmo elegido.

Cuando la hayas registrado, suéltala.

Siguiente.

Sección 12

Colección 9 — Atemporalidad

Novena colección: la atemporalidad.

Nombra dentro de ti: fuera del tiempo.

Hay momentos —los conoces— en los que no sabrías decir cuánto ha pasado. La cabeza absorta en algo. La conversación que se alarga sin que nadie mire el reloj. El sueño profundo del que sales sin saber qué hora es.

Ese sabor de "aquí no hay reloj" es la novena colección.

Imagina que durante los próximos segundos no hay relojes ni en el mundo ni en tu cabeza. No hay después. No hay antes. Solo este momento, plano, abierto, sin antes ni después.

Si la mente intenta calcular cuánto llevas, sonríe por dentro y vuelve. La atemporalidad no se mide — se reconoce.

Aprende esta cara. Es el estado donde el patterning, las visualizaciones y las decisiones grandes se hacen mejor.

Cuando la hayas registrado, suéltala.

Última.

Sección 13

Colección 10 — Vida

Décima colección: la vida.

Nombra dentro de ti: vida.

Esta es distinta a las demás. No es una sensación específica del cuerpo — es el reconocimiento de que estás vivo ahora mismo. Que algo está latiendo dentro de ti sin que tú lo pidas. Que un sistema completo y antiguo te sostiene mientras no haces nada.

Lleva la atención a tu pecho. Hay un corazón ahí. Lleva años haciendo lo suyo. No le has dado instrucciones nunca y sin embargo no ha parado.

Lleva la atención a tu vientre. Hay algo digiriendo, repartiendo, regulando. Sin pedirte permiso. Sin avisarte.

Tu sangre se está renovando ahora mismo. Tus células se están reemplazando. Tus pulmones se están llenando solos. Todo eso es vida pasando por ti, no algo que tú haces.

Esta es la décima cara: la sensación de ser sostenido por la propia vida. De estar del lado de algo que sabe lo que hace.

Apréndela. Es la que más te va a hacer falta en los momentos duros.

Cuando la hayas registrado, no la sueltes del todo. Déjala como fondo.


Las diez colecciones están ya recogidas. Las has visitado a todas. Ahora viven en tu biblioteca interior. La próxima vez que entres a Foco diez, te bastará nombrarlas y aparecerán mucho más rápido.

Cuando estés listo, cuenta despacio del diez al uno, abriendo los ojos en el "uno".

Diez. Nueve. Ocho. Siete. Seis. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno.

Abre los ojos. Respira hondo. Antes de levantarte, anota cuáles fueron las dos colecciones más vívidas y cuáles fueron las dos más difíciles. Las difíciles son las que merece la pena trabajar en sesiones futuras.

Bienvenido al sistema.